El voto


¿Qué recuerdo de mi padre quedará más fijo en mi mente? Cierta vez intentó acabar conmigo, presa de una rabia incontenible por un plato de garbanzos que me negué a comer. Lo intenté varias veces, pero terminé vomitando. Con los años aquella situación se ha convertido para mí en algo afectuoso y entrañable. Nunca le he dado motivos para sentirse orgulloso de mí. Y, sin embargo, me quiere. Lo supe el día que se lo llevaron, en una camilla, a la sala de operaciones quirúrgicas. Estaba en juego su vida y había tanto miedo a la muerte en aquellos ojos, tanta ternura contenida hacia mí, que quise formular un voto solemne en cuanto desapareció tras las puertas del largo corredor del hospital. ¿Pero qué podía prometer yo? Limosnas, vestir un hábito color violeta, caminar descalzo, o de rodillas, un kilómetro…, ¡diez kilómetros!, quemarme con una cerilla el dedo meñique… ¿Cuántos segundos soportaría el dolor? Mucho tiempo debió transcurrir enfrascado en esos argumentos. Una mano colocada con dulzura en el hombro, la del cirujano, vino a resolver todas mis dudas: “Siento comunicarle que su padre ha muerto.”

Alfonso Ibarrola
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 551

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht (Alemania, 1898 – 1956) fue dramaturgo, ensayista y poeta, creador del teatro épico. Nació en Augsburg. En 1922 le fue concedido el codiciado Premio Kleist. En 1933 tuvo que huir de Alemania, a causa de su oposición al nazismo. En Rusia, con Lion Feutchwagner y Willi Bredel, editó la revista antinazi Das Wort. En 1941 marchó a los Estados Unidos. Obras: Trommeln in der Stüde; Vatermord; Ostpolzug; Dreigroschenoper; Leben Eduard des Zweiten von England; Mann ist Mann; Die Heilige Johanna der Schlachthöfe; Dreigroschernroman; Mother; Hauspostille; Lieder, Gedichte und Chöre; Svendborger Gedichte, etc.[1]


[1] Sainz de Robles, F. C., Ensayo de un Diccionario de la Literatura III. Madrid, Aguilar, 1972.

Servicios entre amigos


Para dar un ejemplo lo más elocuente posible de cómo prestar un buen servicio a un amigo, el señor K. relató la siguiente historia: “Tres muchachos fueron a consultar su caso a un viejo árabe:

—Nuestro padre ha muerto —le dijeron—. Nos ha dejado diecisiete camellos y ha dispuesto en su testamento que el mayor se quede con la mitad; el segundo, con un tercio, y el menor, con un noveno del total de camellos. Ahora, sin embargo, no podemos ponernos de acuerdo sobre la división. ¡Decide tú por nosotros!

El árabe meditó y luego dijo:

—Por lo que veo, para poder dividir bien, os falta un camello. Yo no tengo más que un camello, pero está a vuestra disposición. Tomadlo, haced la división y traedme lo que os sobre.

Agradecieron los jóvenes el servicio prestado y se llevaron el camello. Entonces dividieron los dieciocho camellos que había en total de tal modo que al mayor le correspondieron nueve, es decir, la mitad; al segundo, seis, es decir, el equivalente de un tercio, y al tercero, dos: la novena parte según lo dispuesto. Cuando cada uno hubo retirado su parte, se encontraron con que sobraba un camello. Con renovada gratitud devolvieron los tres hermanos el animal a su anciano amigo”.

El señor K. calificó aquel acto de auténtico servicio entre amigos, puesto que no había exigido ningún sacrificio especial.

Bertolt Brecht
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 549

A las seis

“Imaginar no es necesariamente crear”

Albert Camus

Recargado en un poste y con los brazos cruzados veía pasar la gente que recorría veloz su camino. Miró su reloj de pulsera: eran seis menos nueve minutos. Ella y él solían encontrarse en esa esquina; habían resuelto hacerlo así, pues rodeados de gente, autos, perros y postes, sentían que todo se volvía legal. “Todo se volvía legal…” Eso había sucedido hacía bastante tiempo, sin embargo esta era la cuarta ocasión en que él la esperaba en el mismo sitio de siempre, y también era la cuarta ocasión en que sabía que ella no iría a la cita. Las seis menos tres minutos. El deseaba que ella llegara. Le hubiera gustado verla corriendo entre la gente, apresurándose por llegar a tiempo; vestida con pantalones de mezclilla y camisa vaquera; los cabellos agitados por el viento, la sonrisa fresca en sus labios… Pero no. Ella no volvería más. Miró su reloj: eran las seis menos un minuto. En ese momento recordó que habían olvidado decir el acostumbrado adiós la última vez. Su reloj marcaba las seis menos ocho segundos… siete… seis… cinco… cuatro… tres…

José Luis Romero Camarena
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 543

Emma Teresa Armendáriz

Emma Teresa Armendáriz (México, ?-1997). Alumna del director Seki Sano, debutó en 1952 en el Casino del Arte, con la obra La señorita Julia de Strindberg. Protagonizó papeles estelares en El mercader de Venecia y Sueño de una noche de verano de Shakespeare, La gaviota de Chéjov, Los secuestrados de Altona de Sartre, El zoológico de cristal y De repente en el verano de Tennesee Williams, El enemigo del pueblo de Ibsen, Encadenados de O Neill y Después de la caída y El precio de Arthur Miller. Con estas tres últimas obtuvo el premio de actuación dela Asociación de Críticos de Teatro (1964, 1965 y 1969).

Recorrió la Repúblicapresentando la obra George, la dama del diablo de Hugo Argüelles, dedicada a la problemática femenina. Esta representación la combina con recitales y seminarios sobre el teatro y la situación de la mujer. Entre las obras de autores mexicanos que protagonozó figuran Moctezuma II de Sergio Magaña, en la que alternó con Ignacio López Tarso, Rosalba y los llaveros de Emilio Carballido, Armas blancas y conejos dorados de Luisa Josefina Hernández y Lo eterno femenino que Rosario Castellanos escribió especialmente para ella. Uno de sus grandes éxitos fue Mística y erótica del barroco, espectáculo cuyos textos seleccionó el poeta Luis Rius y en el cual compartía créditos con Pilar Rioja y Lorenzo de Rodas. 

En 1980 Emma Teresa publicó su primer libro de cuentos, Conversando con Mozart. En 1985 compuso la música para el ballet Cactus, que se presentó en el V Festival Nacional de Danza en la ciudad de San Luis Potosí. Intervino, además, en las películas Las mujeres de Pancho Villa, El Periquillo Sarniento y Cadena de mentiras. Murió en escena en 1997.[1]

Yo Pantera


A Rafael

Hoy bajé de la montaña. Ya no siento la cólera a intervalos. Mi sangre es una oleada de furia permanente. No me moví con prisa, caminé lentamente por todas las veredas, por todos los caminos. Decidí divertirme. Gastar mis energías con bromas inocentes.

Penetré en las iglesias, y gruñí entre las sombras de los confesionarios. Destrocé los altares. En los parques, rompí las esculturas labradas en el mármol. Después me fui a la casa de los grandes actores, los de las plataformas, los de los estandartes, los que usan las palabras cambiando los sentidos. Revolví los papeles cargados de secretos, y quemé los archivos. Puse especial cuidado en destrozar la silla del actor principal, después rompí las otras, las de los partiquinos. Más tarde fui a la bolsa y dispersé en el aire todos los mecanismos de comprar y vender, de subir y bajar. Después me he revolcado sobre las dalias sembradas en los prados, he comido violetas y también mariposas, y he bebido la sangre de los pájaros.

Me he echado a descansar. Desde aquí escucho el afilar de lanzas, el rumor de tambores, y veo de vez en cuando centellear los cuchillos, pero ya no estoy tensa, me he afilado las uñas por costumbre. Me desperezo. Lamo mi piel del polvo, y tumbada en un techo de pétalos marchitos, espero.

Sé que algún cazador furtivo atravesará mi costado. Y sé que mi sangre, derramándose en perezosos hilos, brillará bajo el sol.

Emma Teresa Armendáriz
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 535

Examen de conciencia


No soy hombre de mal humor. No. No es cierto que lo sea, como dicen por ahí. Pero el sólo hecho de tener que hacer esta declaración sobre mi carácter, me saca de las casillas. No hay derecho: me pone de un humor pésimo, exploto, doy un mordisco al lápiz con que escribo esta aclaratoria, araño el escritorio, pateo el cesto de los papeles que va a rebotar contra la pared del fondo, me arranco indignado un puñado de pelos de la nariz con la derecha y otro de la oreja con la izquierda, me meso los cabellos con furia, carraspeo, toso, escupo finalmente en la escupidera de bronce de la oficina que se pone a bailar con el impulso del escupitajo y se me pasa, viéndola lo alegre que da volteretas.

Bien: ¿he demostrado o no que soy un hombre de buen humor?

Baica Dávalos
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 532

Baica Dávalos (Argentina, 1919-Venezuela, 1983). Desde que Baica Dávalos llegó a Caracas en 1959 anduvo ejerciendo su pasión por la crónica, por la creación de las revistas culturales y por un magisterio vital compartido bajo el signo del riesgo. Digamos que Baica era como un adolescente perpetuo en diálogo continuo. Vivió en México varios años; allá publicó Papeles de Abundo  (1964). En Buenos Aires había dado a conocer Interregno (1968), mientras que en Venezuela nos entrega sus obras de madurez: La piel de las víboras (1968), Aparecidos (1973), La mar en coche (1976) y Entreverado (1979), cierra magistralmente su ciclo vital y da cuenta de su atribulado paso por las noches del azar.[1]


[1] Jiménez Emán, Gabriel. Relatos venezolanos del siglo XX. Selección, prólogo y bibliografía. Venezuela, Biblioteca Ayacucho, 1989, p. 228.

Escape imposible

Soñó una torre y en la torre una doncella. Soñóse entrando cauto por los oscuros ámbitos, hasta llegar al húmedo centro de todos los deseos. Gozaba la tierna entrega de la joven cuando el padre de ésta, erguido de furia y cegado ante la mancha caída sobre su honor, apareció en la puerta, puñal en mano. Quiso entonces el soñador despertarse, más el anciano, con calma terrible y el puñal dispuesto al ataque, dijo: “Nadie puede escapar de un sueño”.

Y descargó el golpe.

Federico Patán
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 529

La muerte

Vestido de negro con sombrero de copa y bastón salgo a la calle donde todos se inclinan a mi paso.

Nadie sabe que soy la muerte.

Enamoro una mujer. La llevo a mi habitación y hacemos el amor.

Al día siguiente me visita. Coloca flores sobre mi tumba y llora largamente.

Julio C. Sánchez
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 523

Federico Patán

Federico Patán (España, 1937) reside en México desde 1939. Desde 1969 es profesor de Literatura Inglesa enla Universidad Nacional de México. Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia (1986) por Último exilio y el Premio Universitario ala Creación yla Difusión dela Cultura (1994) y  el premio José Fuentes Mares (2006), por Encuentros. Ha colaborado con Ciencia, Arte, Cultura (Instituto Politécnico Nacional), Revista dela Universidad de México, Revista del Colegio de Bachilleres, Los Universitarios, Apuntes, Thesis, Vida Universitario (Nuevo León), Anuario de Historia, Anglia, Revista de Bellas Artes, El Faro, Casa del Tiempo, Diálogos, Plural, El Cuento, Revista Mexicana de Cultura, Sábado, El Gallo Ilustrado, El Día y El Impulso (suplemento cultural, Venezuela).

            Entre su obra publicada encontramos, poesía: Del oscuro canto (1965), Los caminos del alba (1968), Fuego lleno de semillas (1980), A orillas del silencio (1982), Del tiempo y la soledad (1983), Imágenes (1986), Dos veces el mismo río (1987), El mundo de Abel Caínez (1991), Umbrales (1992), Arboles hay y ríos (2000), Es el espejo un agua rigurosa (2008); cuento:  Nena, me llamo Walter (1986), En esta casa (1987), Encuentros (2006); novela: Último exilio(1986), Puertas antiguas (1989), El rumor de la sangre (1999), Esperanza(2001) y Casi desnudo (2008). Asimismo, ha publicado libros de ensayo y traducciones.[1]

Anti-historia

Buscando demostrar que el mundo era redondo, partió en breve nave a un largo recorrido. Un viento propicio lo empujaba, de modo que en un tiempo prudente llegó al umbral de las respuestas. Allí, la nave precipitose en el vacío. Los sabios ocultaron la muerte del héroe.

Federico Patán
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 522

Alfonso Alcalde


Alfonso Alcalde Ferrer (Chile, 1921-1992) fue periodista, escritor, guionista y poeta.

Sus estudios básicos los realizó en el colegio inglés de Punta Arenas, ciudad donde también recibió cursos de piano. A los doce años, su padre, el español de La Rioja, Ángel Alcalde, lo envió a continuar sus estudios en Santiago. Es en esta época cuando abandona el colegio e inicia un período de errancia, que lo llevó, primero, al Chaco argentino, luego siguió camino hacia Córdoba, y después a Tucumán, Salta, Jujuy, Buenos Aires, para, continuar posteriormente a Bolivia, específicamente a Oruro. Durante este peregrinaje juvenil, Alfonso Alcalde realizó diversos oficios, tales como: cuidador de plazas, camarero, ayudante de mineros y auxiliar de funeraria. Dentro de las vicisitudes que enfrentó en esa época está el paludismo. Luego de estar al borde de la muerte, logró ser repatriado por vía marítima a Valparaíso, gracias a la ayuda de Marta Brunet, en ese entonces funcionaria de la embajada chilena en Argentina.

En su obra Breve autoalabanza biográfica en 1991 (Ediciones Árbol de la palabra, Santiago), describió sus aventuras de juventud. «Trabajé vendiendo urnas, contrabandeando caballos desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) a través del Matto Grosso, cuidando animales en un circo de fieras (cebras, elefantes, leones, osos) y ayudante de la Mujer de Goma y del Tragafuegos y Payasos, personajes que aparecen y desparecen en varios de los textos con el obsesivo tema del circo. Fui guionista de cine, radio, teatro y televisión. También traté de ganarme la vida en un bar pendenciero, nochero de un hotel de pasajeros urgentes y en las entrañas de las minas de estaño de Potosí trabajé como ayudante de carpintero en los socavones. Fui también pescador y vagabundo libre y total en los trenes que siempre partían al norte por el continente americano. Conozco mi país de la cabeza a los pies (dirigí la colección Nosotros los Chilenos de Quimantú) y su pueblo compartiendo vidas, dolores, trabajos, masacres, alegrías y resucitamientos».

También en una entrevista a la «Revista de Libros» de El Mercurio (4 de agosto de 1996) cuenta sus peripecias: «fui contrabandista de cadáveres. Ascendí a un nuevo cargo, que era transportar a los muertos de una frontera a otra, entre Argentina y Brasil, para que saliera más barato el entierro. Me instalaba en un auto muy tieso, con el difunto sentado a mi lado, muy maquilladito para no despertar sospechas, y cruzábamos el peligro (…) al otro lado teníamos listo el ataúd y el nuevo maquillaje».

En periodismo Alcalde fue colaborador del diario El Sur de Concepción y de las revistas, Ercilla y Vistazo. Fue asimismo en 1964, jefe de radio de la campaña presidencial de Salvador Allende y posteriormente jefe de prensa en radio Bío Bío de Concepción, y profesor de Periodismo en la Universidad de Concepción.
En su labor de editor fue creador de la colección Nosotros los chilenos en la Editorial Quimantú y guionista de Canal 13.

Alcalde escribió más de 30 libros de diversos géneros, incluyendo poesía, cuento, novela, biografía, cuentos infantiles, reportajes y documentales. Después del golpe de estado de 1973, Alcalde marchó al exilio junto con su mujer Ceidy Utichinsky y su familia. Primero residió en Bucarest, Rumanía, donde se relacionó con otros poetas expatriados chilenos: Omar Lara, Sergio Badilla Castillo, y Tito Valenzuela; luego en un kibutz en Israel y finalmente en Ibiza, España, antes de regresar a Chile.

Sus últimos años los pasó en Tomé, donde compartió con varios escritores y artistas locales lo que llamó «La galaxia de Tomé». Luego de una larga depresión, agravada por problemas a la vista (glaucoma) que le impedían seguir escribiendo, se suicidó el 5 de mayo de 1992, colgándose de un cinturón en un pequeño cuarto que arrendaba. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Tomé, frente al mar.

El primer libro de poesía de Alcalde, Balada para una ciudad muerta (1947) impresionó a Pablo Neruda, quien escribió su prólogo. En la celebración con sus amigos de la publicación, Alcalde quemó gran parte de la tirada. Más tarde explicaría que «fue un trabajo inmaduro y precipitado. El hecho de llevar una presentación de Neruda -una de las primeras que dedicó a un joven escritor- significaba una enorme responsabilidad. Pero al destruir ese libro contraje el compromiso de empezar a escribir Panorama, un poema épico en cuatro tomos».

Sus obras recibieron premios y críticas favorables. José Donoso afirmó que su libro de cuentos El auriga Tristán Cardemilla, «era la mejor prosa de su generación», mientras que Alone dijo que «por momentos competía con Cortázar».

Ignacio Valente, en El Mercurio de Valparaíso, el 4 de marzo de 1969, expresó: «Variaciones sobre el Tema del Amor y de la Muerte, es uno de los poemas más notables que se hayan escrito en Chile en los últimos años. Bajo la fuerza casi violenta de la compasión por todo lo desdichado y maltrecho del hombre, se crean ahí unas atmósferas densas donde el lenguaje poético brota a la vez con una fluidez sorprendente, como arrastrado por corrientes de fondo y con una exactitud cruel y siempre nueva para nombrar el dolor y la ternura».

Durante el gobierno de la Unidad Popular se destacó por sus reportajes sociales y por la traducción al inglés, en 1972, de su libro de poemas Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte.

En su exilio sufrió por el desarraigo. En sus propias palabras: «Nosotros vivimos una gran desolación insertos en la cultura europea. La soledad del hombre tocó nuestra propia soledad. Ese debe ser el libro, más amargo que he escrito. Creo que habíamos idealizado ciertas situaciones de orden teórico y fue difícil aceptar la realidad. Ahí parece que tocamos fondo, inevitablemente. Será otro libro, no más que los otros, pero es un libro desolador. Y esto se vio agravado porque vivimos en la isla de Ibiza, en las Baleares, que es el resumidero de la gran decadencia de Occidente y ahí entre grupos de hippies, entre grandes buscadores de la verdad, exorcistas, sacerdotes de las religiones más curiosas, vivimos también nuestra pequeña desolación, vimos al hombre sin destino».

Retornó a Chile en 1979, donde se desempeñó como periodista en varios medios y escribió para revistas. Escribió por encargo la autobiografía del conductor de televisión «Don Francisco», Mario Kreutzberger.

Sus obras han sido montadas para teatro por el grupo Ictus de Santiago en la obra Tres noches de un sábado, la pieza final de la trilogía, Paraíso para uno es de Alcalde. Con posterioridad a su muerte en 1996, director Andrés Pérez montó en Santiago La consagración de la pobreza, un retablo que narra el mundo popular a partir de la vida y milagros de un grupo circense.

Fernando del Paso

Fernando del Paso Morante (México, 1935) Como primera aspiración tuvo ser médico, sin embargo, como uno de sus personajes, Palinuro, sufrió por la sangre y terminó efectuando estudios de Economía y literatura en la UNAM. Ha trabajado como publicista, locutor y periodista, además de ser dibujante y pintor. Fue un conocido amigo del escritor francés Maurice Blanchot.

En 1955 comienza a trabajar como escritor de textos para varias agencias publicitarias. Es la época en que, influido por William Faulkner,James Joyce, Juan Rulfo y Lewis Carroll, del Paso empieza Sonetos de lo diario, libro que publicará en 1958.

Para terminar José Trigo, recibe la beca del Centro Mexicano de Escritores en 1965. Al año siguiente publica la novela, que recibe el Premio Xavier Villaurrutia. Se demoró diez años en finalizar esta obra y le ocurrirá lo mismo en con sus dos siguientes obras.

Becado por la fundación Ford, del Paso viaja a Iowa en 1969 para participar en el “International Writing Program”, en donde reside 3 años.

En 1971 se muda nuevamente, esta vez a Londres, debido a que recibe la Beca Guggenheim, que se le volverá a otorgar en 1981.

Es aquí en donde comienza a trabajar en su siguiente novela, misma que publica en 1977. Palinuro de México obtiene el Premio Rómulo Gallegos 1982. Durante su estancia en Londres, a la par de sus proyectos literarios, trabaja como productor de programas de radio, escritor y locutor en la BBC.

Después de vivir 14 años en la capital británica, se traslada en 1985 a París donde se desempeña como consejero cultural en la embajada de México —cargo que ejercerá 3 años—, a la vez que trabaja en Radio France Internationale como escritor y productor. Ese mismo añoPalinuro de México se tradujo al francés; recibe el reconocimiento de la crítica francesa y el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia. En 1986 gana el premio Radio Nacional de España al mejor programa en español de carácter literario por su Carta a Juan Rulfo.

En 1988 publica Noticias del Imperio, que se cuenta entre las “nuevas novelas históricas” escritas en América Latina. Basada en la vida de los emperadores Maximiliano I de México y su consorte Carlota de México, esta novela enciclopédica no se conforma con una descripción monológica de “lo que sucedió”. Al contrario, del Paso mismo insiste en ofrecer, de forma historiográfica, todas las versiones posibles de los incidentes importantes en la vida de los protagonistas y de la intervención francesa en México. Esta obra tuvo decisiva influencia en otras de generaciones posteriores, sobre todo en escritores cubanos como Leonardo Padura en La novela de mi vida y sobre todo influencia testilística en Fernando Velázquez Medina y su novela experimental Última rumba en La Habana.

En 1989 es nombrado cónsul general de México en París, cargo en el que permanece hasta 1992.

En 1992 regresa a México y asume el cargo de director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara. En esta ciudad comienza a trabajar en su siguiente novela, en la que explora el género de la literatura de suspenso, y que se publica en 1995:Linda 67.

En mayo del 2007 la citada universidad le hace un homenaje público al nombrar a la mayor de sus bibliotecas, ubicada en el Centro Universitario de la Ciénega, como Biblioteca Mediateca Fernando del Paso.

Entre los reconocimientos que ha obtenido, además de los ya citados, destacan: el premio Novela México 1975, Mazatlán de Literatura1988, Nacional de Lingüística y Literatura 1991, y Premio FIL de Literatura 2007. En 1993 fue nombrado Creador Emérito. En octubre de 2006, fue elegida miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.

Además de su labor literaria, Fernando del Paso ha incursionado en el dibujo y la pintura: ha presentado sus obras en Londres, Madrid, París y varias ciudades de Estados Unidos. En la ciudad de México ha expuesto en el Museo de Arte Moderno y el Museo de Arte Carrillo Gil, y en Guadalajara, en el Hospicio Cabañas.[1]

Julio Cortázar


Julio Cortázar (Bélgica 1914 – Francia 1984). Argentino. Nació en Bélgica, hijo de un diplomático argentino, pero se crio al lado de su madre en las afueras de Buenos aires. Enseño por cinco años en varios colegios y en 1945-1946 dictó clases de literatura francesa en la Universidad de Cuyo en Mendoza, antes de renunciar en protesta contra el régimen peronista. Se trasladó a Buenos Aires y en 1951 salió de Argentina. Desde 1952 vivió en Francia trabajando por varios años como traductor para la UNESCO. Gran aficionado del jazz. Después de la publicación en 1949 del poema dramático Los reyes, se dedicó casi exclusivamente a la narrativa. Aunque sus dos primeras colecciones, Bestiario (1951) y Final del juego (1956), contienen algunos de sus cuentos más famosos, no fue hasta 1959, con la publicación de “El perseguidor” en Las armas secretas, cuando adquirió una reputación verdaderamente internacional. Con su novela Rayuela (1963) llegó a ser una de las figuras cumbre del boom. Su voluminosa obra incluye otras tres novelas: Los premios (1960), 62, modelo para armar (1968) y Libro de Manuel (1973), y otras dos antiguas publicadas póstumamente: Divertimento (¡949, 1986) y El examen (1950, 1986). Otros siete tomos de cuentos: Historias de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1977), Queremos tanto a Glenda (1980), Deshoras (1983) y Los autonautas de la cosmopista (1984), esta última con su mujer Carol Dunlop; un volumen de poesía: Pameos y meopas (1971); cinco libros ensayísticos e híbridos: La vuelta al día en ochenta mundos (1967), Último round (1969), Prosa del Observatorio (1972), Un tal Lucas (1979) y Nicaragua tan violentamente dulce (1963), entre otros.

Lucas, sus sueños


A veces les sospecha una estrategia concéntrica de leopardos que se acercan paulatinamente a un centro, a una bestia temblorosa y agazapada, la razón del sueño. Pero se despierta antes de que los leopardos hayan llegado a su presa y sólo le queda el olor a selva y a hambre y a uñas, con eso apenas, tiene que imaginar a la bestia y no es posible. Comprende que la cacería puede durar muchos otros sueños, pero se le escapa el motivo de esa sigilosa dilación, de ese acercarse sin término. ¿No tiene un propósito el sueño, y no es la bestia ese propósito? ¿A qué responde esconder repetidamente su posible nombre: sexo, madre, estatura, incesto, tartamudeo, sodomía? ¿Por qué si el sueño es para eso, para mostrarle al fin la bestia? Pero no, entonces el sueño es para que los leopardos continúen su espiral interminable y solamente le dejen un asomo de claro de selva, una forma acurrucada, un olor estancándose. Su ineficacia es un castigo, acaso un adelanto del infierno; nunca llegará a saber si la bestia despedazará a los leopardos, si alzará rugiendo las agujas de tejer de la tía que le hizo aquella extraña caricia mientras le lavaba los muslos, una tarde en la casa de campo, allá por los años veintes.

Julio Cortazar (De su libro “Un tal Lucas”)
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 509

Amor

—Dime Mariaelena: ¿es verdad que me amas como a nadie? ¿Me quieres, no es cierto? ¿Es esa la real verdad, no?

La estatua lo miró con aire de compasión, y le dijo:
—¡Oh, vaya que es verdad, te amo como a nadie, te adoro, eres todo un Dios para mi!

Emocionado, el hombre abrazó a la estatua, tan fuerte como pudo, y ésta, que era de yeso, se deshizo poco a poco, hasta no ser más que un montón de polvo.

Dalia Maisner Bush (12 años)
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 505

Luis Britto García


Luis Britto García (Venezuela, 1940) es narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino; estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela. Fue profesor asistente en la cátedra de historia del pensamiento político en la Escuela de Estudios Internacionales. Estrenó literariamente con Los fugitivos y otros cuentos (1964), pero fue Rajatabla (1970), Premio Casa de las Américas, la obra con que se hizo famoso. El mismo año publicó su primera novela Vela de armas, con Arca de Montevideo. En 1976 publicó un tomo de dos piezas teatrales: El tirano Aguirre o la conquista de El Dorado y Suena el teléfono. Volvió a ganar el Premio Casa de las Américas en 1979 con us novela de 750 páginas titulada Abrapalabra. En 1984 publicó en Caracas Me río del mundo, un tomo que incluye secciones tituladas “Los grandes demagogos de la historia” y “Grandes bromas pesadas de la historia”. Analiza algunos de los problemas actuales en La máscara del poder (1988), Hambre, concertación populista y explosión socioal (1989) y El imperio contracultural; del rock a la postmodernidad (1991). Otros tres tomos de cuentos son La orgía imaginaria: libro de utopías (1983), La misa del esclavo (1983) y Muerte en el paraíso (1985) .
Otros volúmenes de ensayo son Elogio del panfleto y de los géneros malditos (2000), Investigación de unos medios por encima de toda sospecha (Premio Ezequiel Martínez Estrada 2005), Demonios del Mar: Corsarios y piratas en Venezuela 1528-1727, ganadora del Premio Municipal mención Ensayo 1999. En 2002 recibe el Premio Nacional de Literatura, y en 2010 el Premio Alba Cultural en la mención Letras.
Blog del autor: http://luisbrittogarcia.blogspot.com/

Subraye las palabras adecuadas


Una mañana tarde noche el niño joven anciano que estaba moribundo enamorado prófugo confundido sintió las primeras punzadas notas detonaciones reminiscencias sacudidas precursoras seguidoras creadoras multiplicadoras transformadoras extinguidoras de la helada la vacación la transfiguración la acción la inundación la cosecha. Pensó recordó imaginó inventó miró oyó talló cardó concluyó corrigió anudó pulió desnudó volteó rajó barnizó fundió la piedra la esclusa la falleba la red la antena la espita la mirilla la artesa la jarra la podadora la aguja la aceitera la máscara la lezna la ampolla la ganzúa la reja y con ellas atacó erigió consagró bautizó pulverizó unificó roció aplastó creó dispersó cimbró lustró repartió lijó el reloj el banco el submarino el arco el patíbulo el cinturón el yunque, para luego antes ahora después nunca siempre a veces con el pie codo dedo cribarlos fecundarlos omitirlos encresparlos podarlos en el bosque río arenal ventisquero volcán dédalo sifón cueva coral luna mundo viaje día trompo jaula vuelta pez ojo malla turno flecha clavo sen brillo tumba ceja manto flor ruta aliento raya, y así se volvió tierra.

Luis Britto García
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 502

Marco Aurelio Carballo


Marco Aurelio Carballo (México, 1942) es un escritor y periodista mexicano. Ha publicado una decena de libros, entre cuentos, crónica novelada, una autobiografía mínima y su primera novela: ‘Polvos ardientes de la Segunda Calle’. En 1994 le fue otorgado el Premio ‘Chiapas’ de Literatura Rosario Castellanos, además del II Premio Nacional de Novela “Luis Arturo Ramos”. Ha publicado los libros “Crónica de novela” (7Cambio, 1992), “Mujeriego” (Planeta, 1996), “Vida real del artista inútil” (Editorial Colibrí, 1999), “Muñequita de barrio” (Fondo de Cultura Económica, 1999), “Diario de un amor intenso” (Nueva Imagen, 2000), y “Últimas Noticias” (2010).
Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1997 en la categoría de Entrevista. Asimismo, el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 1998 en el género de Crónica.
Se ha desempeñado como jefe de información de la revista Época y del diario unomásuno. Colabora en los semanarios Siempre! y Punto y Aparte de Xalapa; en las revistas mensuales El Búho y Gente Sur, y de los diarios La Prensa, del DF; Diario del Sur, de Tapachula, Chiapas, y de El Heraldo de Chiapas, de Tuxtla Gutiérrez, así como de la revista electrónica Este Sur.
Su más reciente libro es ‘Morir de Periodismo’, bajo el sello Axial-Tinta Nueva, en que relata, desde su óptica personal, el génesis del periódico unomásuno.
Blog del autor: http://marcoaureliocarballo.blogspot.com/

Lamentaciones extemporáneas

Hubiera sido agradable tratar a cada uno de los habitantes de este planetoide (cuando menos permutar adioses) para engrandecerme y subsanar mi atroz melancolía.
Ahora, desde mi estatua de mármol ya no es posible.
Pero no lo deploro.
A cada paso, niños y ancianos cruzan guiños de complicidad conmigo.

Marco Aurelio Carballo
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 497

Amor

Pierrot entona una romanza apasionada; la luna se ruboriza y, guiñando un ojo, se cubre con un antifaz de oro.
En el carnaval de la noche, Pierrot se despoja de su indumentaria habitual, la cambia por un antifaz de astronauta y parte raudo al encuentro con su amada, la reina de la noche.

Salvador Herrera García
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 494