Eugenesia

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Una dama de calidad se enamoró con tanto frenesí de un tal señor Dodd, predicador puritano, que rogó a su marido que les permitiera usar de la cama para procrear un ángel o un santo; pero, concedida la venia, el parto fue normal.

Drummond
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 83

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Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq es el autor ficticio de la colección de relatos detectivescos Seis problemas para don Isidro Parodi (publicada en 1942) y escritos en colaboración entre los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Posteriormente publicaron con el mismo seudónimo Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

La obra viene precedida de una somera biografía sobre el supuesto autor a cargo de una maestra llamada Adelma Badoglio, así como de una redicha presentación de un tal Gervasio Montenegro, imaginario colega y amigo de Honorio Bustos. Gervasio Montenegro aparece también como personaje, un célebre actor acusado de asesinato, en algunos de los relatos que se supone que prologa.

Según su biógrafa, Honorio Bustos Domecq, nació en la localidad argentina de Pujato y fue un escritor precoz que publicó sus primeras obras en la prensa de Rosario a la edad de 10 años. Fue un eminente polígrafo y durante la intervención de Labruna fue nombrado Inspector de Enseñanza y, más tarde, Defensor de Pobres.

El origen del pseudónimo consiste en la reunión de los apellidos de un bisabuelo materno de Borges (Bustos) y del de la abuela paterna de Bioy (Domecq).

Otro seudónimo utilizado por Borges y Bioy Casares es Benito Suárez Lynch[1].

El extraño caso de Bustos Domecq

Alfredo Taján

Bustos Domecq fue el alter-ego de Bioy Casares y Borges

PARA entender la historia de Bustos Domecq no hay que ser un genio, pero sí hay que haber leído un poco, no mucho, sólo un poco. Bustos Domecq fue el alter-ego de dos grandes escritores argentinos: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges; Domecq fue un personaje que estos dos autores inventaron para dar rienda suelta a sus opiniones más radicales sobre esto y aquello, y entre tanto pasárselo bien a toda costa. Bustos Domecq es la fotografía velada y turbia de una traición: la de la autoría y la de la amistad. Tampoco hay que marear la perdiz, sólo decir que Bustos Domecq publicó un par de títulos hilarantes que en su momento causaron gran revuelo y que como tal es considerado el primer escritor con personalidad propia que, en realidad, no existe. La broma sería luego copiada hasta la saciedad por autores hoy tan renombrados como Roberto Bolaño, cuando crea al Carlos Wieder de ‘Estrella distante’, e incluso su demencial lista de ‘Literatura Nazi en América’ es una receta extraída del escritor invisible; pero no nos equivoquemos, Bustos Domecq no es un heterónimo, no es un alias, ni siquiera un seudónimo, al contrario, es alguien que siente, y sobretodo, disiente, como si estuviera vivito y coleando.

Borges y Bioy basaron su larga relación de cuatro décadas en un exquisito refinamiento existencial e intelectual. Con el paso del tiempo llegaron a despreciar cualquier libro, o fragmento de libro, una u otra opinión, que no se adecuara a sus cánones. A cuatro manos Borges y Bioy, tanto monta, monta tanto, firmaron con sus nombres respectivos, a los que debe añadirse el de la esposa de Bioy, la también escritora Silvina Ocampo, la ‘Antología de la literatura fantástica’ (1940), que ya advierte el trabajo crítico de sus autores, establece un programa de lecturas y crea un universo de fobias y filias. Bioy escribió que «los amigos que se ven con regularidad acaban por elaborar un dialecto burlesco», Borges, en la misma línea, aseguró que «aún a los narradores fantásticos les llega la hora de conmemorar a las pocas personas que el destino mezcló en sus vidas».

Al margen de que la amistad entre Borges y Bioy exija un profundo examen, la creación del crítico ficticio Honorio Bustos Domecq -feliz reunión de los apellidos de un bisabuelo de Borges (Bustos) y de un bisabuelo de Bioy (Domecq)-, tuvo su estreno en 1942 con la novela ‘Seis problemas para Don Isidro Parodi’, donde un extravagante detective, que está preso, investiga desde su celda, cuantos laberínticos crímenes se cometen en la República Argentina.

En 1963 reapareció Bustos Domecq con sus famosas ‘Crónicas’: veinte años no es nada dice la letra del tango. En esta obrita postrera, la institución cultural en su conjunto es parodiada, incluso el prologuista de la obra, Gervasio Montenegro, es acotado por el propio Domecq, que no duda en escribir un sutil manifiesto contra la osada ignorancia. No en vano estas ‘Crónicas’ de Bustos Domecq están dedicadas a «Picasso, Joyce y Le Corbusier, esos grandes olvidados…»

Deliciosos embaucadores, Borges y Bioy, dieron rienda suelta a sus pequeñas maldades y a sus respectivas soberbias a través de Bustos Domecq. No en vano en ello se les iba, se les fue, la vida[2].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Honorio_Bustos_Domecq

[2] http://www.diariosur.es/20091106/cultura/extrano-caso-bustos-domecq-20091106.html

La verdad del bosque

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Como un golfo de soles este espacio hermético y transparente: una esfera de cristal con el sol adentro; con un cuerpo dorado (un ausente, querido tú) con una cabeza donde brillan los ojos más azules delante del sol en la esfera transparente.

La acción transcurre en el desierto y qué sola atravesé mi infancia como caperucita el bosque antes del encuentro feroz. Qué sola llevando una cesta, qué inocente, qué decorosa y bien dispuesta, pero nos devoraron a todos porque ¿para qué sirven las palabras si no pueden constatar que nos devoraron? —dijo la abuela.

Pero de la mía no se vistió el lobo. El bosque no es verde sino en el cerebro. La abuela dio a luz a mi madre, quien a su vez me dio la tierra, y todo gracias a mi imaginación. Pero allí, en mi pequeño teatro, el lobo las devoró. En cuanto al lobo, lo recorté y lo pegué en mi cuaderno escolar. En suma, en esta vida me deben el festín.
—¿Y a esto llamas vida? —dijo la abuela.

Alejandra Pizarnik
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 79

Exhibicionista

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El pelo me crecía tanto por la noche que amanecía como dentro de un nido. Pero una mañana desperté calvo. Al día siguiente comenzó a levantárseme la piel. Cada noche pierdo un dedo, un diente, una oreja… y así sigo. Esto no puede durar mucho pero mi salud es perfecta.

A. F. Molina
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 75

Las transformaciones

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Me nacieron. No quise nacer, pero me nacieron y me nacieron. V. en vez de H. y me clasificaron como a una mariposa, siempre las clasificaciones.
Yo era diferente y el hombre se había complicado la vida y quise alejarme del hombre porque quería ser feliz y con mi poder de adaptación dispuse de la tabla mágica de las transformaciones y me transformé en huevo y fui feliz en el culo de la gallina, y me transformé en humo y fui feliz dibujando estelas en el cielo y me transformé en lluvia y fui feliz mojando las ciudades y me transformé en pájaro y fui feliz cagando los sombreros de las señoras y los trajes de los señores y los coches y las mesas de las terrazas de los cafés y me transformé en cáncer y fui feliz comiéndome los pechos de lolita, pero llegó el día en que me cansaron las transformaciones y quise volver a mi estado primario y me transformé en hombre y al transformarme en hombre me volví loco.

Manuel Pacheco
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 73