Otto-Raúl González


Otto-Raúl González
(Guatemala 1921-México 2007).

Importante líder estudiantil en contra de la tiranía del dictador Ubico, tuvo que salir al exilio en 1944 luego que las tropas ubiquistas casi lo matan en una manifestación pacífica. La caída del dictador trajo nuevos vientos para Guatemala, y en ese entonces Otto-Raúl se desempeñó como diplomático para Guatemala en México. Diez años después, con el golpe de estado cometido por segmentos reaccionarios del ejército, la oligarquía y la iglesia conservadora, apoyados porla Central Itelligence Agency (CIA), Guatemala volvió a sumirse en las tinieblas de la dictadura. Desde 1954 Otto-Raúl Gonzáles vivió exiliado en México, país que lo acogió como suyo y en donde desarrolló casi toda su obra literaria. Inició la carrera de derecho enla Universidad de San Carlos de Guatemala. Se graduó de abogado dela Universidad Nacional Autónoma de México. Recibió el Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines 1990 en México y en 1990 el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en Guatemala, entre los más importantes. En el 2007la Universidad de San Carlos de Guatemala le ocnfirió el título de Doctor Honoris Causa […]. De acuerdo a sus deseos, sus restos fueron cremados, para luego esparcir sus cenizas en el lago de Atitlán.

Publicó más de 40 libros en su vida, entre los cuales hay ensayo, cuento, novela, y los más de poesía. Fue traducido al inglés, francés, suizo, portugués, alemán, checo y chino. Ha sido antologado en Europa, Estados Unidos, Centro América y América del Sur. Hablando acerca de la lucha contra la dictadura ubiquista, Huberto Alvarado declara en Exploración de Guatemala (1955) que: “Antes de 1944, la literatura empezó a jugar un papel revolucionario que contribuyó a quebrantar los cimientos de la dictadura bananera-feudal de Ubico. Las inquietudes del Grupo Acento (Generación del 40), por los problemas sociales y los intereses nacionales, confluyeron con el movimiento estudiantil y popular de espíritu antifascista, en su lucha ideológica y política contra la opresión y la ignorancia en que vivía el país. Dos obra caracterizan ese momento: El canciller Cadejo (1940), de Manuel Galich y Voz y voto del geranio (1943) de Otto Raúl González […] donde el poeta canta y exalta, en forma atrevida para la época, al geranio como un símbolo proletario, reinició la poesía de tendencia social en Guatemala”.[1]

Anuncios

Declaración firmada por Satanás

Hoy presencié por enésima vez la ignominiosa expulsión de otra pareja. Una vez más el mismo ángel enclenque, tembloroso y senil, blandió la espada secular y llena de orín, en el primoroso bosquecillo donde da principio la vida humana en cada planeta que a Él se le ocurre poblar. Al igual que la primera pareja, y las que le han seguido a través de los siglos, ésta de ahora cubría sus hermosos cuerpos con hojas de parra, y en sus ojos brilló, en el momento de la expulsión, un odio cerval y primitivo, además de las lágrimas, claro está. ¿Es que nunca va a terminar este juego? ¿Para qué pues crear el paraíso si sus moradores van a estar siendo continuamente expulsados, aduciendo el vano pretexto de que han comido la fruta del mal? Fruta que más bien es la del bien. Si no la comieran, el edén sería un sitio aburridísimo en donde vivirían solamente dos ancianos solitarios y cubiertos de gruesas telarañas de tedio. Si yo estuviera en su lugar (pueden creerme), no expulsaría a nadie. Y, entonces Él sería el malo y yo el bueno. (f). Satanás.

Otto-Raúl González
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 611

Carlos Montemayor

Carlos Montemayor (n. Parral, Chihuahua, 13 de junio de 1947, m. México, D.F., 28 de febrero de 2010) fue un escritor y traductor mexicano, activista social en defensa de las comunidades indígenas y de los grupos más vulnerables de su país, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua (elegido el 30 de agosto de 1984 (XX, 2), tomó posesión el 14 de marzo de 1985), de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas y cantante de ópera aficionado.

Aunque forjó su carrera en la ciudad de México, fue en su ciudad natal donde desarrolló su gusto por las letras y por la música. De niño, su primer contacto con la literatura fue a través de Miguel de Cervantes, pues su padre lo obligaba a leer el Quijote en voz alta.  Hizo los primeros estudios en Parral, y la preparatoria enla Universidad de Chihuahua. Se trasladó luego a la ciudad de México, en donde cursó la licenciatura en derecho y una maestría en letras iberoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras dela Universidad Nacional Autónoma de México de1965 a 1971. Realizó estudios de lengua hebrea en El Colegio de México, y de forma paralela, de1967 a 1976, estudió griego clásico, latín, francés, portugués, italiano e inglés.

Impartió clases en la Escuela NacionalPreparatoria y fue profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco (UAM) desde 1974.

Colaboró como articulista para las revistas y periódicos Plural, Excélsior, Unomásuno, y La Jornada. Dirigió la Revista de la Universidad de 1973 a 1975, y fue fundador de la revista Casa del Tiempo de la UAM, la cual dirigió de1980 a 1982.

Su libro Tarahumara es el compendio más completo acerca de los rarámuris de la Sierra de Chihuahua. Su obra Guerra en el Paraíso (considerada por el propio autor “su obra mejor lograda” ) es el relato trágico de los hechos violentos que se vivieron en México a principios de los años setenta durante la guerra sucia en México, especialmente la guerrilla encabezada en la sierra de Guerrero por Lucio Cabañas Barrientos, obra para la cual recabó testimonios de campesinos sobrevivientes a la represión e investigó, en los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, documentos sobre las operaciones del Ejército durante el conflicto. Mal de piedra (1980) se remite a una de las constantes de Parral, su pueblo natal: la minería. Lo mismo que en Minas del retorno (1982), donde rompió con el modelo de la tradicional novela lineal.

Tradujo clásicos como las odas de Píndaro, Carmina Burana, poesías de Cayo Valerio Catulo, Virgilio y Safo así como de poetas modernos como Fernando Pessoa y Lêdo Ivo. Mostró un gran interés por las culturas indígenas de México, realizó una antología de cuentistas oaxaqueños entre 1979 y 1980, escribió además Encuentros con Oaxaca, Arte y trama en el cuento indígena, Arte y plegaria en las lenguas indígenas de México, La voz profunda: antología de literatura mexicana en lenguas indígenas y el Diccionario del náhuatl en el español de México.

Como activista y luchador social analizó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y simpatizó con algunas de las actividades organizadas por el Subcomandante Marcos. Al respecto, escribió el ensayo Chiapas: La rebelión indígena de México. Entre sus últimas actividades, fue miembro dela Comisión de Mediación entre el gobierno federal y el Partido Democrático Popular Revolucionario – Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR), investigando el paradero de dos desaparecidos políticos.

Colaboró también con el Frente Amplio Opositor (FAO) de San Luis Potosí, que defiende a los defensores del Cerro de San Pedro, combatiendo jurídicamente y políticamente a la empresa canadiense New Gold-Minera San Xavier, que pretende desde hace tiempo hacer explotar, con dinamita, ese cerro, lo que generaría graves cambios en la naturaleza y dañaría la arquitectura de San Luis Potosí.

Estudió ópera y se entrenó como tenor con el barítono mexicano Roberto Bañuelas. Declaró alguna vez: “La música es mi experiencia más física, instintiva.”

Falleció el 28 de febrero de 2010, aconsecuencia de cáncer de estómago.[1]


Memoria


En las calles donde antiguamente se levantaban las mansiones de los Reales de la Universidad, construcciones viejas cuyas torres de cantera contrastaban con la oscuridad de los álamos, de rincones indefinibles se desprendía una música que sobre el empedrado duraba lo que diez tañidos de campana. Quienes vivieron allí —ahora todo está desolado y silencioso— recuerdan con tristeza aquella música.

Muchos juran que era el canto de un niño; juran otros que era la voz de una mujer que dejaba entrar en su lecho a niños fatigados. Pero los más respetables aseguran que el ruido de las calles se mezclaba con los últimos ruidos de la demolición de las casas antiguas y la confusión producida era la música que escuchaban en aquellos tiempos y de la que hoy recuerdan, con añoranza, su quietud e inmensa dulzura.

Carlos Montemayor
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 559