Edmundo Alvarado


Edmundo Alvarado

Reconocido como el ganador del certamen nacional de  muralismo de la Gran Explosión Cultural Bicentenaria, auspiciado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, con la obra La libertad. Edmundo Alvarado es reconocido como uno de los artistas visuales de mayor proyección en el estado Aragua. Este maestro del arte nació el 6 de diciembre de 1930 en Humocaro Alto, estado Lara. En 1953 realiza estudios de Arte Puro en la Escuela de Artes Pláticas Martín Tovar y Tovar de la ciudad de Barquisimeto, poco tiempo después, con la colaboración de algunos de sus alumnos, se le presenta la oportunidad de realizar una exposición en el Museo de Bellas Artes donde logra vender la mayoría de sus cuadros. A partir de allí, ha vivido de la realización de sus obras, a la vez que elaboraba avisos para el sector de la publicidad. Ha sido miembro y fundador de diferentes salones y organizaciones de artistas en los estados Lara, Yaracuy y Aragua.

En la década del 60 funda en Maracay el grupo Talas, en una época en que no existía la Casa de la Cultura ni el Museo de Arte Contemporáneo. En ese contexto realiza múltiples exposiciones en espacios como Parque Aragua y el Círculo Militar. Tiene hasta el momento 54 exposiciones individuales y colectivas, y ha participado en más de 40 salones de exposición en diferentes estados del país.

Reconocido muralista, Edmundo Alvarado ha realizado 17 de estos trabajos en escenarios como la sede del Consejo Legislativo del estado Aragua y varias instituciones educativas de la región. Comparte su trabajo artístico con una labor docente, que viene realizando desde sus inicios.  Actualmente su taller de pintura se encuentra en el barrio Los Olivos Viejos de Maracay, ciudad donde ha vivido durante más 40 años,  y reside en la urbanización Las Acacias con su esposa y dos hijas.

La labor docente y artística  de Edmundo Alvarado ha sido reconocida por diferentes instituciones y organismos públicos y privados que ven en él un artista a carta cabal y un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones de cultores y artistas de Aragua y de todo el país.

 

Texto. Argenis Díaz.[1]

Imágen: Fernando Padrino

 

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Peligrosa

Terminaba la última serie de espasmos, el bufón se acercó dando saltos hacia el oído de su señor. Requirió subir dieciséis mil y un escalones, someterse al interrogatorio de los doce pares (es decir los veinticuatro), sobornar a cuatrocientas doncellas (que aguardaban aparearse con el soberano) para que le cedieran su lugar, construir el puente de Londres para cruzar a la séptima mitad del camino, preguntar a la reina por el humor de su esposo, discutir con Perceval que lo instaba a tomar otro camino en busca del Santo Grial, recurrir a engaños para atravesar el campo de batalla de los soldados de madera, bordear extensas áreas pobladas con las demoníacas máquinas de Morgana, correr perseguido por el ejército de los números, escalar arrecifes de ceniza, mirarse a sí mismo en los espejos de hielo, desviarse para oír la voz de una flauta, acumular en su pequeña espalda multitud de vagabundos que suplicaban su ayuda, rasgar el manto de una virgen, enseñar aritmética a los pájaros de cuenta, dormir doscientas noches en cada uno de los últimos bosques del monarca, evitar los laberintos de cristal, cuidarse de no pisar la barba inmensa de su señor, esperar trescientas veces dos a que éste despertara y por fin, después del segundo banquete, la figurilla del bufón acercó los labios a la oreja tanto tiempo buscada:

—No permita que se vaya, mi señor. Es peligrosa.

—Pero si ha resanado la economía; los lirios y los cerezos ya no se secan, y la ceniza blanda se ha ido a las nubes.

—Nos lo ha hecho imaginar: no la dejes ir.

Alicia sorbió la espuma de su copa y se quedó dormida.

Edmundo Alvarado
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 261

Juan Jacobo Bajarlía


Juan-Jacobo Bajarlía es poeta, cuentista, ensayista, novelista y dramaturgo. Nació en Buenos Aires el 5 de octubre de 1914, pero por un error en las anotaciones del Registro Civil aparece como nacido el 5 de octubre de 1912.

A los 9 años le dio por la poesía, y los 14, siendo estudiante secundario escribió un novelón de capa y espada con el título de La cruz de la espada, que un falso editor se llevó para publicar, y nunca más se supo del original. Fue el mayor de 5 hermanos, hijo de padres de gran posición económica, venidos a menos, a raíz de lo cual, el niño que entonces tenía 12 años, vendió medias por los bares para contribuir al sustento de la casa. A los 17 años ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, y luego se trasladó a La Plata donde completó sus estudios.

Fue uno de los introductores del vanguardismo en la Argentina. Entre 1948 y 1956 dirigió la revista Contemporánea y formó parte, en 1944, del Movimiento de Arte Concreto-Invención, junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros. También, en 1983, dirigió la revista Referente/el Ojo que mira.

Sus primeros libros que datan de los años 40, Prohombres de la argentinidad y Romances de la guerra, fueron excluidos de su bibliografía.

Obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores el mismo año en el que se la adjudicaron a Adolfo Bioy Casares (1962). Luego se sucedieron los grandes premios: el del Instituto del Nuevo Mundo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, dirigida por Juan Larrea acerca de César Vallejo (1963), el Mystery Magazine Ellery Queen’s (1964), el Konex de Platino (1984), el Premio Municipal de Teatro (1962), el Premio del Fondo Nacional de las Artes (1962), 2¼ Premio Municipal de Narrativa (1969), Premio Boris Vian (1996), Premio Leopoldo Alas (“Clarín”) (1971).

Sus cuentos, una estructura en la que se mezclan lo fantástico, la ciencia-ficción y la metafísica, integran varias antologías.

Como dramaturgo escribió y estrenó La Esfinge en el Teatro Mariano Moreno, en 1955; Pierrot, en La Plata, en 1956; Las troyanas, sobre el texto de Eurípides, en el Teatro de la Reconquista, en 1956; La billetera del Diablo, en el Teatro LYF, en 1969; Telésfora en Radio Nacional, en 1972. Su drama Monteagudo (1962) obtuvo cuatro distinciones: el de la Selección Municipal para las Jornadas de Teatro Leído, el Premio Municipal a la mejor obra no representada, el del Fondo Nacional de las Artes, y la Faja de Honor de la SADE.

Realizó numerosas traducciones del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino, el marqués de Sade, Kandinsky y Jean Tardieu, entre otros. También tradujo La lección, de Ionesco, que Francisco Javier puso en el Festival de Arte Dramático de Mar del Plata, en 1956. En 1963 fue leído, en el Teatro Los Andes, su drama de ciencia-ficción Los robots, en un acto auspiciado por la Municipalidad (Secretaría de Acción Cultural). Este drama, tragedia mecánica, como lo llama el autor, data de 1955.

Escribe novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly, entre las que debemos mencionar Los números de la muerte (1972), reeditada con nombre propio en 1978. Esta última y El endemoniado Sr. Rosetti, también se publicaron en México con los títulos de Vudú, secta asesina, y Hombre Lobo: El endemoniado Sr. Rosetti.

Entre sus antologías publicadas, Cuentos de crimen y misterio (1964), posee un estudio preliminar sobre lo fantástico y policíaco en las literaturas universal y argentina.

Considerado en su calidad de narrador, Leopoldo Marechal llamó a Bajarlía “zoólogo de la monstruosidad”. Hopkins, desde Berkeley, dijo que “sus máquinas del tiempo dejan de ser instrumentos mecánicos para convertirse en dimensiones metafísicas”. Antonio de Undurraga consideró que la dimensión metafísica de Bajarlía introducía en el cuento fantástico una línea mas allá de “lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción”.

Dentro de su obra poética, su libro La Gorgona (1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig, en 1953, sobre cuya traducción Esteban Eitler compuso Música Dodecafónica, cuyo estreno se realizó en Bruselas, en 1954.

Entre sus numerosos ensayos, La polémica Reverdy-Huidobro/El origen del ultraísmo (1964) fue publicada previamente en francés por el Centre International d’Etudes Poétiques (Bruselas, 1962), con prólogo de Fernanad Verhesen; y Existencialismo y abstracción de César Vallejo (1967), se publicó en Córdoba en 1967 en tres volúmenes de Aula Vallejo (5, 6 y 7).

Fue colaborador del diario Clarín y director interino de suplementos literarios. Actualmente colabora en La Nación, La Gaceta de Tucumán, La Prensa y otros diarios de la Argentina.

Fue pionero en la investigación parapsicológica en la Argentina, participando de las primeras experiencias en parapsicología científica. Sus conocimientos en fenómenos paranormales lo llevaron a presidir varios congresos y dar cátedra en diferentes instituciones. Además es asesor en temas afines.

Fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Formó parte de la Asociación de Artistas Premiados Argentinos “Alfonsina Storni” (APA), de cuya revista fue redactor exclusivo.

Se realizaron dos documentales sobre su vida. Bajarlía, desandando el tiempo (2003) y Bajarlía (2005), que exploran en profundidad su vida y obra literaria.

Falleció en la Ciudad de Buenos Aires el 22 de Julio de 2005, a los 91 años.

En 2007 se publicó la obra póstuma El placer de matar, que recopila distintas investigaciones que realizó Bajarlía sobre grandes crímines y criminales de la historia. Y en 2010 Morir por la Patria, sobre los asesinatos en la época de Rosas.[1]

El agujero y la profetisa


Equecrates vino de Tesalia y consultó el oráculo de Delfos. Pero entró tan repentinamente que la profetisa (“una doncella consagrada a Diana”, que apenas tenía 17 años) no tuvo tiempo de abrocharse la clámide. Lo recibió, pues, semidesnuda y se ubicó, como de costumbre, sobre el trípode. El trípode (“mesa de tres pies”) estaba colocado, a su vez, sobre el célebre agujero de donde salía la humareda (la fumata) que envolvía a la virgen mientras se convulsionaba antes de contestar. La pregunta de Equecrates fue la siguiente: “¿En qué lugar del mundo, en qué rincón o agujero estaré a mis anchas y hallaré la felicidad?”. Y la respuesta, proyectada con “voz misteriosa” desde la profundidad en que salía la fumata (la profetisa abría la boca como en las películas dobladas) fue rápida y no menos misteriosa: “Ese agujero que buscas —dijo la voz— está muy cerca de ti”. Equecrates interpretó el oráculo y raptó a la virgen. Había hallado la felicidad.

Juan-Jacobo Bajarlía
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 257

Mutación


Yo no quería venir a pedirle que se callara. Desde mi habitación alcancé a oír sus gritos y golpes y me dije que estaba en todo su derecho. A veces suceden cosas como éstas. A lo mejor usted ha tenido un sueño de aquellos de los que nunca queremos despertar, ya que al hacerlo encontramos otra vez la melancólica realidad en nuestra habitación. Nos atrevimos a entrar porque los gritos parecían por fuera de lo normal. Ha sido difícil romper la cerradura y luego invadir su habitación, pero cuando vimos el desorden tuvimos el suficiente coraje para entrar. Le repito: está en su derecho y nadie puede impedirle que grite. Usted, estoy casi seguro, cree que no puede dejar escapar de sus manos aquella imagen tan bella y placentera que acaba de soñar, pero desafortunadamente su sueño ha culminado y nosotros, algunos sin afeitar, somos la realidad junto con su pierna amputada. Su muleta está a un paso de usted, al lado de la cama.

Harold Kremer
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 256