Naín Nómez

Naín Nómez (Talca, Chile, 1944): Poeta y académico, ha trabajado en diversas universidades en Chile y el extranjero. Actualmente es profesor titular de Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad de Santiago y miembro del Consejo Editorial de Lom Ediciones. Ha publicado una docena de libros, entre ellos obras poéticas, antologías, ensayos, crítica literaria, estudios culturales y numerosos trabajos sobre el poeta Pablo de Rokha. Entre sus obras podemos mencionar: “Historias del reino vigilado” (1981); “Países como puentes levadizos” (1986); “Pablo de Rokha, un escritura en movimiento” (1988); “Pablo de Rokha y Pablo Neruda, la escritura total” y “Antología crítica de la poesía chilena” (Lom Ediciones), tomos I y II. Su libro de poemas “El movimiento de las salamandras” publicado en 1999, fue premiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha participado en diversas charlas, cursos y seminarios en Chile y el extranjero abordando temas literarios y culturales.[1]

 

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Círculo familiar

Los miembros de la familia esperaban ansiosos el desenlace: mientras en la pantalla de televisión el herido se debatía en las fronteras de la luz y la muerte, ellos volvían la mirada hacia el perro que yacía en la alfombra de la habitación, aparentemente dormido pero más bien reventado por un camión pocos minutos antes y ya en los últimos estertores y las miradas iban al azar de una a otra situación pues no podían detener el tiempo y esperaban ansiosos el desenlace, mientras en la pantalla de televisión…

Nain Nomez
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 341

Humanidad

Contempló Dios todo el esplendor y magnificencia de su obra, y comprendió que hacía falta algo, muy distinto a todo aquello. Había formado creaturas y cosas materiales, pero faltaba la espiritualidad. Reunió en un ser la esencia de la materia, lo humano y espiritual y creó al HOMBRE.

Le dio la facultad de multiplicarse, de razonar, de buscar, y de lograr cumplir la misión que le había encomendado.

Despertó el hombre de su letargo, y vio que la tierra  era extraña y enorme, y sintió por primera vez, soledad y tristeza. Después la luz del día le dio a conocer la belleza.

Era indefenso, y comprobó su pequeñez e insignificancia; buscó “algo” que le protegiera de la obscuridad, de la furia de las tormentas, de los animales y le llamó DIOS.

Se encontró con otros hombres, semejantes a él, y le miraron con recelo y desconfianza.

Sufrió las inclemencias del tiempo, y lloró muchas noches, de miedo; sólo le consoló su Dios protector.

El medio ambiente le obligó a emigrar a nuevas tierras y le siguieron los débiles y fue guía.

Cuando le quitaron la mujer que le había dado el calor de su cuerpo, sintió ira, y del instinto de posesión nació el amor.

Con el transcurso del tiempo, se sintió cansado y comprendió que la vida era breve y llena de penalidades y por primera vez renegó.

Tuvo conocimiento de la muerte, le rindió tributo, y le hizo reflexionar.

Observó el infinito, determinó su situación, e inició su obra.

Rafael Aguirre Castro
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 339

La tribu perdida

Cuando bajaron de los árboles ya eran hombres. Temerosos y torpes en el principio, la curiosidad y el arrojo los fueron haciendo agricultores, artistas, comerciantes, científicos, hasta llegaron a la luna y regresaron.

Pero ya para entonces las mujeres habían subido a los árboles. Desenvueltas y confiadas en el principio, aprendieron a cocinar, lavar ropa, barrer y sacudir, tener hijos. La costumbre hizo el resto. Y su rastro se perdió durante el último Diluvio.

Ana F. Aguilar
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 333

Soñando

Profundamente dormido, el hombre soñó que estaba despierto. Para estar seguro de que estaba dormido, recordó lo que hizo hasta acostarse. Como el sueño continuara, el hombre continuó dudando si estaba o no dormido. Luego pensó que al despertar comprobaría la verdad, pero no la comprobó, porque al despertar se vio dormido.

Carlos Alberto Pineda
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 329