Instrucciones para cometer un crimen

Ábrase en abanico un mazo de cartas bastante usado y ofrézcase a la persona que se piensa asesinar, rogándole que tome una carta, que la mire bien para que la recuerde posteriormente y que esté atenta al juego. A continuación se cierra el mazo y se baraja: luego se parte en dos y se invita a la víctima (que a estas alturas ya estará perfectamente ubicada) a que coloque su carta entre la mitad superior (o inferior, como mejor parezca al ejecutante). Se barajan rápidamente las cartas (todo lo rápidamente que pueden permitirlo unas cartas viejas como esas) para que el presunto no pueda pensar (es importantísimo que no piense. Si lo hace, el truco puede fallar). Se saca a continuación una carta y se le muestra a la víctima. Esta asegurará que no es la que había visto —siempre sucede así—. En ese preciso instante se tiene ya el pretexto para estrangularla y castigar así su falta de cooperación…

Ricardo Fuentes Zapata
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 459

Ricardo Fuentes Zapata
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 65

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(P)siquiátricas

El célebre siquiatra Rungis escuchó detenidamente, por espacio de varias sesiones, a su paciente; luego de meditar con profundidad sentenció:

—Estimado amigo, lo que usted tiene, la causa de sus terribles traumas y mala salud mental, es una enfermedad que viene desde su más tierna infancia, ¡usted desea a su madre!, la deseó cuando era apenas un bebé y se regodeó con sus senos y ahora mismo quisiera estar con ella. Es lo que en términos científicos llamamos complejo de Edipo.

El pobre paciente no supo cómo reaccionar ante tal diagnóstico. Salió abrumado del consultorio del analista, la mirada perdida y menos dinero en el bolsillo a causa de la abultada cuenta. Deambuló por la ciudad pensando en el suicidio: ¿y qué otro camino le quedaba a él, un androide?

René Avilés Fabila
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 61

Leopoldo Berdella de la Espriella

Leopoldo Berdella De la Espriella

(Cereté, 2 de abril de 1951 – Cali, 18 de agosto de 1988)

 Fue un escritor y periodista colombiano. Miembro fundador del grupo literario El Túnel, de la ciudad de Montería. Autor de cuentos, poemas y ensayos, es más conocido por su producción en el género de la literatura infantil, particularmente por el relato Juan Sábalo, con el que ganó el primer premio en el concurso nacional Enka de Literatura Infantil, en 1983.

Inició su carrera de periodismo en la agencia de noticias Tay de Montería, y posteriormente en el periódico El Pueblo, de Cali. Publicó cuentos en suplementos de periódicos nacionales y regionales, y en diferentes revistas culturales del país. Fue profesor visitante en las universidades de Medellín, de Antioquia, del Quindío, y en la Surcolombianade Neiva, y catedrático en la Universidad Librede Cali, donde dirigió el taller literario en compañía del escritor Harold Kremer. Ocupó la dirección del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali, en 1988[1].

El 18 de Agosto de 1988 mientras celebraba con unos amigos, su joven esposa y su hijito de un año, en su casa de San Antonio en Cali la beca que acababa de otorgarle Colcultura para escribir la novela de los colombianos en Nueva York,  en confusas circunstancias que nunca aclararon las autoridades, apareció muerto a media noche, Leopoldo Berdella de la Espriella, uno de los más notables escritores de su generación y uno de los creadores de los talleres literarios de la capital del Valle. Un guardaespaldas de un senador de la Unión Patriótica había llegado haciendo alardes con su arma de fuego y el escritor lo había reprendido retirándole el aparato, exigiéndole que extrajera la munición y escondiera el arma. Pero la acalorada discusión del fanático de todas las formas de lucha y cerril admirador de las guerrillas de Pablo Catatumbo hizo, según reposa en los anales de la época que el escritor le arrebatara el arma y amenazara, mientras oía vallenatos y porros, con pegarse un tiro. Otras versiones dicen que el exaltado fanatico en su demencia alcohólica, digna de su admirado poetastro que da botella a todo el mundo, le puso el arma en la sien y demencialmente disparó. Desde entonces, como en la época del Doctor Lopez Pumarejo, Colombia se pregunta: ¿Quién mató a Leopoldo Berdella de la Espriella? Si Usted tiene otra versión de estos hechos mucho le agradeceríamos contárnosla. Hay quienes dicen que lo mató la envidia.[2]

 Video, entrevista a Berdella de la Espriella 

 

La última llamada

Ha optado por divertirse marcando su número telefónico y escuchando su propia voz. Alguien, que es él, le contesta siempre desde el otro lado de la línea y comparte con él, durante horas enteras, sus mismos recuerdos y sus mismas esperanzas. “Es como pensar en voz alta frente al espejo”, ha dicho, emocionado. Pero lo que él ignora es que hasta hoy le funcionará su experimento. Ansioso, expectante, marcará su número por tercera vez. Timbrará. Y nadie contestará. Nadie le contestará porque el silencio indefinible de la muerte empezará a apoderarse de su voz, enmudeciéndolo. Colgará. Por unos instantes, el teléfono de su apartamento repicará insistentemente.

Leopoldo Berdella de la Espriella
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 59